Por Hasardevi
Agosto 22, 2026
Decía Aristóteles que 'la ley es la razón libre de pasión'
Para Thomas Hobbes, los pactos sin la espada que los haga cumplir son solo palabras vacías.
El jurista romano Cicerón afirmaba: 'Para ser libres, debemos ser esclavos de la ley'.
Estos principios universales cobran total vigencia ante la crisis política en Sinaloa. El asesinato de Héctor Melesio Cuén y el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura no son solo un escándalo criminal; son una prueba de fuego para la validez real de nuestras instituciones.
La reciente captura de Fausto "N", exchofer de Cuén, por parte de la FGR bajo cargos de encubrimiento y falsedad, demuestra que las "declaraciones en abstracto" —el viejo vicio de los discursos retóricos y las leyes que solo existen en el papel— ya no tienen cabida en la realidad.
Frente a quienes buscan ponerse por encima de la norma, el Derecho no puede ser un adorno discursivo. El Derecho debe ser el instrumento inflexible para que, por sobre la vulgar ambición individual o política, prevalezca verdaderamente el imperio de la ley.
Como advertía Hobbes, la ley escrita no actúa sola. El encargado de hacer prevalecer el Estado de Derecho es el propio Estado y sus órganos de gobierno. Son las fiscalías y los jueces quienes deben ejercer su facultad legítima para aplicar la norma sin distingos ni privilegios.
Con la investigación abierta por la FGR, se exige que la verdad histórica desmonte cualquier simulación. El Estado de Derecho es nuestra máxima garantía y el único camino a la libertad: honrémoslo sometiendo el poder público a los límites estrictos de la Ley y la justicia.
