7/28/2011 07:18:00 p. m.

Murdoch en México

AGENDA CIUDADANA

Lorenzo Meyer
28 Jul. 11



El título de esta columna no se refiere a la presencia que las empresas del octogenario magnate australiano -la cadena de televisión Fox, los estudios de cine del mismo nombre, televisión por cable, 175 periódicos en todo el mundo, etcétera- puedan tener en nuestro país, sino a algo más desagradable aún: a su espíritu; al uso de los medios masivos de comunicación para beneficio personal y su visión muy conservadora del mundo.

Desde hace ya mucho tiempo, en el ámbito de los medios de comunicación en México domina una actitud y una forma de ver y dirigir ese negocio muy semejante a la que por más de medio siglo ha animado a Rupert Murdoch, a su heredero James y a sus colaboradores en Gran Bretaña y Estados Unidos. Murdoch ha creado un imperio que, para crecer y consolidarse, no sólo ha hecho de la agresión y la intolerancia un arte sino que tampoco ha desdeñado explotar el escándalo, alimentar la cultura del morbo, incurrir en conductas poco éticas o de plano delictivas y en corromper instituciones públicas.

Como se recordará, Murdoch -presidente de News Corporation (empresa que en 2010 tuvo ingresos por 32 mil 800 millones de dólares) y número 123 en la lista mundial de multimillonarios de Forbes- y su hijo James se vieron obligados a comparecer hace poco ante un comité del Parlamento Británico para responder por las acusaciones de acciones ilegales de sus empresas periodísticas y que ya han llevado a la detención de 10 personas acusadas de intervenir ilegalmente los teléfonos de casi 4 mil personas para alimentar de noticias escandalosas a sus tabloides y de sobornar o influir a policías para que éstos les pasaran información o no investigaran a fondo las acusaciones de espionaje telefónico. Es más, el propio primer ministro británico, David Cameron, ha sido cuestionado por haber contratado como jefe de prensa a uno de los detenidos: Andy Coulson, personaje que previamente había trabajado para Murdoch.



Datos

Fue otro diario británico, The Guardian, y no la policía, quien empezó a jalar la hebra que descubriría uno de los juegos ilegales del The Sun y su edición dominical News of the World, el periódico sensacionalista de Murdoch. Al final se sabría que, por lo menos a lo largo de un decenio, se contrataron espías que interfirieron teléfonos -de la realeza, de políticos o de víctimas de crímenes- y lo así encontrado se convirtió en noticia exclusiva. Gracias al amarillismo, el tabloide llegó a tirar hasta 5 millones de ejemplares, algo inimaginable en México. Las denuncias de The Guardian no tuvieron eco hasta que fueron tomadas por The New York Times; entonces ya nadie en Inglaterra pudo parar un escándalo que llevó al cierre de The Sun y a que a los Murdoch se les impidiera comprar la totalidad de las acciones de la cadena privada de televisión por cable BSkyB -cadena con 10 millones de clientes- y por la que estaban dispuestos a pagar 8 mil millones de libras.


Argumentos para allá y acá Varios son los puntos a discutir que han salido a la superficie tras el estallido del escándalo de Murdoch y sus empresas. Desde México, lo más importante es que la autoridad se opuso a que el magnate se hiciera con el control de BSkyB, empresa en la que Murdoch ya tenía el 39 por ciento de las acciones. Y el argumento, válido en Gran Bretaña pero más aquí, es que la concentración de la propiedad de la televisión en unas cuantas manos es contraria al interés general. Si eso se argumenta en un país donde los competidores de Murdoch -la BBC, ITV, Canal 4 y Canal 5- tienen alrededor del 75 por ciento de la audiencia, con mayor razón se podría usar ese fundamento en un México donde una sola empresa privada -Televisa- tiene entre el 70 y el 75 por ciento de la audiencia. Obviamente el razonamiento que llevó a los políticos de Londres a aprovechar que los Murdoch estaban bajo ataque para insistir en que el interés público requiere que la propiedad y los enfoques de la televisión estén dispersos y sean plurales, es aún más fuerte y claro en el caso mexicano.

¿Por qué la famosa policía de Scotland Yard no actuó contra News Corp. a pesar de tener desde 2005 en su poder 11 mil fichas donde estaban registradas las escuchas ilegales hechas a 3 mil 870 personas por personas ligadas a la empresa? Pues, en parte, por la buena y nada apropiada relación establecida entre los jefes policiacos y la gente de Murdoch y, en parte, por el temor de los jefes de la policía a que The Sun desatara una campaña en su contra. Esa misma mezcla de favores y temor dominaba también entre los políticos ingleses. En Gran Bretaña la televisión no es un factor decisivo en las campañas electorales porque, afortunadamente para ellos, su acceso está restringido, pero entonces las páginas de la prensa son el gran campo de la contienda, y ahí The Sun abiertamente se pronunció por los candidatos que salieron ganadores en 1979 -Thatcher-, en 1997 -Blair- y en 2010 -Cameron. Fue por esa misma razón que este último decidió contratar a Coulson, el antiguo editor de la edición dominical de The Sun, como jefe de prensa no obstante que se le había advertido de manera indirecta sobre las sospechas que ya pesaban sobre ese personaje. Y la cosa no termina ahí, en su momento una Comisión de Reclamaciones sobre la Prensa no se atrevió a investigar a The Sun y el grueso de la prensa británica dejó solo en su lucha contra el gigante a The Guardian, que sólo pudo respirar tranquilo cuando la prensa norteamericana acudió en su ayuda (ver las declaraciones de Alan Rusbridger, de The Guardian, en El País, 24 de julio).

En México el fondo del problema inglés también se presenta, pero agravado. Aquí no es la prensa sino la televisión, la que juega el papel político que los periódicos de Murdoch juegan en Gran Bretaña y Fox News en Estados Unidos. Por ello, en vísperas de la elección presidencial del 2006, en marzo, el duopolio televisivo mexicano pudo hacer que el conjunto de fuerzas políticas representadas en la Cámara de Diputados federal aprobaran sin discutir y en siete minutos la llamada "Ley Televisa" (LFRTV) -desregulación del espectro digital en favor de las dos empresas dominantes-, misma que inmediatamente después el Senado aceptó sin cambiarle nada y que la Presidencia publicó sin considerar vetarla como suponía la opinión de la SCT. Sería la Suprema Corte (SC) la que finalmente encontrara inaceptable la ley, pero éste es el momento en que la clase política mexicana sigue sin atreverse a reformarla pese a ser contraria al interés público.

En las elecciones que tendrán lugar en 2012 en nuestro país, la televisión ya tiene a su candidato. Es verdad que no siempre a quien la televisión apoya gana -de lo contrario no se entendería lo sucedido en 1988, cuando más del 90 por ciento del tiempo en pantalla de la televisión mexicana lo tuvo Carlos Salinas y, pese a ello, quizá perdió la elección-, pero no hay duda de que tiene una enorme ventaja sobre sus rivales. Especialmente si, como es hoy el caso, la decisión y acción de favorecer al inevitable candidato del PRI -Enrique Peña Nieto- se tomó hace ya mucho tiempo.



La calidad

A la de Murdoch se le llama "prensa basura" porque está dirigida a cultivar y satisfacer no lo mejor de la cultura cívica sino lo peor. Se trata de regodearse y explotar al máximo los aspectos más sórdidos de la sociedad. En México, y desde hace buen tiempo, también hay ese tipo de prensa, pero es marginal, entre otras razones por falta de lectores. Aquí lo equivalente a The Sun es el predominio de programas en la televisión que favorecen la conformidad, la aceptación del status quo, el mantenimiento del denominador común cultural en el rango más bajo posible para sostener una visión del mundo que no despierte inconformidades. Como según las estadísticas de Gobernación más del 60 por ciento de la población usa a la televisión como su fuente principal de información política, pues es ahí donde se forja la imagen dominante de lo que es México y el mundo para los mexicanos.

Para concluir

Si en una de las democracias políticas con más arraigo, como es Gran Bretaña, la concentración de la propiedad de medios de comunicación en manos de personajes con muy poco respeto por lo que se supone que es la ética del periodismo y el interés público, acaba de mostrar su notable capacidad para corromper instituciones tan fuertes como el Parlamento, Scotland Yard y poner en situación de riesgo incluso a la oficina del primer ministro, entonces en México, una democracia sin raíces, un fenómeno no igual pero semejante, e incluso más grave que el británico, debe verse como una lección política y obligarnos, a dirigentes y a la sociedad, a sacar conclusiones y actuar en consecuencia.



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