2/27/2013 11:38:00 a. m.

El camino de la esperanza: ciudadanos ¡a la acción!



En parte de la reseña del libro de estos dos jóvenes nonagenarios, se lee lo siguiente:

Con un discurso comprometido, ambos autores llaman a sobrepasar las divisiones ideológicas para encontrar soluciones que saquen a Europa de la crisis. Ellos señalan cuatro recursos para "alimentar a la izquierda: la fuente libertaria, que se concentra en la libertad individual; la fuente socialista, que se concentra en la prosperidad de la sociedad; la fuente comunista, que se concentra en la fraternidad comunitaria. Y se añade la fuente ecológica, que restituye nuestros lazos y nuestra inter-dependencia con la naturaleza y más profundamente con nuestra madre Tierra y que reconoce en nuestro Sol, la fuente de todas las energías vivientes."

Yo encuentro muy interesante la expresión del concepto de "interdependencia" arraigado en la cultura oriental, más precisamente en el Budismo, y el de "Madre-Tierra" tan presente en las culturas originarias, aborígenes o indígenas, como se prefiera llamarles. Creo que este libro es un aporte más de algunos humanistas preocupados por encontrar esa "vía" del medio, por transitarla con entusiasmo y por llevar a la humanidad a recorrerla en unidad y camaradería, disfrutando el trayecto... ¿por qué no?  
Hasardevi

El siguiente texto ha sido traducido por Hasardevi de "ActuaLitte":

Stéphane Hessel y Edgar Morin publicaron Le Chemin de l’espérance, aux actes citoyens !, o "El Camino de la Esperanza, ¡Ciudadanos a la acción!" por aquéllo, seguramente, de "¡Ciudadanos, a las armas!" El cual promueve la insurrección de las conciencias y la exigencia ciudadana. 


En esta obra, Stéphane Hessel y Edgar Morin, respectivement de 94 (en ese momento) y 90 ans, deseaban « denunciar el curso perverso de una política ciega que conduce al desastre, enunciar una vía política de salud pública y anunciar una nueva esperanza ». 



"No es nuestra intención pactar con los partidos existentes", insisten los autores. "Queremos contribuir a la formación de un movimiento de ciudadanos poderosos, una insurrección de conciencia que pueda engendrar una política a la altura que las circunstancias exigen".


Después de Indignez-vous ! (Indignense), Stéphane Hessel siguió publicando escritos comprometidos con la formación de un poderoso movimiento ciudadano.


Edgar Morin se inscribe en la misma línea que el antiguo diplomático y co-redactor de la Declaración universal de los derechos del hombre, con la publicación de La Voie : pour l’avenir de l’humanité (Fayard). 

(La Vía para el futuro de la humanidad, ed. Fayard).





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El siguiente texto es parte de una entrevista a los autores tomado de "La Vanguardia":

"Debe decrecer la economía del despilfarro"

Hoy hay cada vez más en el mundo una parte de la población, empobrecida, que no tiene acceso al consumo y a la que hay que permitirle acceder. Pero existe a la vez un exceso de consumismo. Cebamos a los niños con productos que les vuelven obesos, vendemos productos dotados de virtudes puramente mitológicas –la salud, la belleza–, alimentos llenos de conservantes peligrosos para la salud, objetos desechables, coches y electrodomésticos concebidos para durar no más de seis años... Es un despilfarro económico. Hay que hacer decrecer la economía del despilfarro, de la futilidad. Hay que recuperar las virtudes de la reparación de objetos duraderos. Hoy hay una fuerza enorme, que es la fuerza de los consumidores. Si los consumidores se convierten en una fuerza capaz de seleccionar los buenos productos y boicotear los malos, pueden intervenir en el cambio. Hay cambios posibles en todos los terrenos. Si se hacen juntos, podemos progresar por la buena vía.
 
Hessel: La protesta es un principio, necesario, pero un principio. Hay que despertarse, tener ganas de que las cosas cambien. Pero después ha de venir una reflexión sobre los cambios que son necesarios. En nuestro libro planteamos cuáles son hoy las grandes reformas indispensables para superar la crisis, para salir de la tristeza, del desaliento. Es necesaria una acción resuelta de los gobiernos, pero también de los ciudadanos. Nosotros creemos que hay que movilizar a los ciudadanos en todos los países para llevar a cabo las reformas que son ­fundamentales.

Morin: Estoy plenamente de acuerdo. Los movimientos de la juventud en Europa, en Estados Unidos, en los países árabes, han sido muy importantes. Pero estamos obligados a constatar que detrás de este movimiento, llevado por aspiraciones justas y profundas, no ha habido un pensamiento. Falta un pensamiento político que reflexione sobre la crisis profunda de nuestro siglo. Estamos en una crisis que no es sólo económica, demográfica, ecológica, moral. Es una crisis de civilización, una crisis de la humanidad. Si no pensamos en este marco, estamos condenados a la impotencia. Hay que pensar en otra vía, lanzando reformas múltiples, hay que preparar un nuevo camino.

Por un lado, parece que el mundo se dirige hacia al abismo. Por el otro, ustedes hablan de esperanza.

Hessel: Hay elementos de esperanza.
Las cosas no son tan homogéneas como pudiéramos temer. En todos nuestros países hay indignados, y esos indignados –pese a haber hecho caer en España a la izquierda– son favorables a una nueva economía, a una nueva manera de plantear los problemas. Hay muchas cosas que van mejor. Hay ejemplos alentadores. Es muy importante no quedarse sólo en la catástrofe posible, sino ver también el inicio de una mejora real sobre la que se puede fundar una nueva esperanza.

Morin: Stéphane tiene toda la razón al decir que en todo el mundo hay un hormigueo de iniciativas creadoras, locales, aisladas las unas de las otras, pero que son testimonio de un deseo de renacer. En España hay también muy buenos ejemplos de municipios que consiguen reducir el paro, de una agricultura ecológica… Yo creo que si se tienen en cuenta estas iniciativas –de las que ni la administración ni los partidos políticos son conscientes, porque no lo ven, viven en un mundo abstracto–, podemos concluir que hay nuevas fuerzas. En la historia, las grandes transformaciones nacen de desviaciones. Esos polos de transformación están ahí, pero están aún dispersos, hay que ligarlos, alentarlos. Hay que hacer comprender que es a través de un conjunto de reforma


¿Los partidos políticos ya no sirven?, ¿están demasiado encerrados en sus certidumbres?

Morin: No tanto en sus certidumbres como en sus rutinas. Son mundos cerrados. Van a remolque de la economía, cuando es la economía la que tendría que ir a remolque de la política. Pero hay una posibilidad de regeneración, y hay que trabajar en esa dirección.

Hessel: Sería un error hacer creer a los ciudadanos que se indignan que los partidos políticos son impotentes. Al contrario. Vivimos en democracias que sólo pueden cambiar de orientación si los grandes partidos políticos son animados por los ciudadanos. A quienes se indignan hay que decirles que no se queden fuera del funcionamiento institucional del país. España, o Francia, necesitan partidos políticos, pero hace falta que esos partidos sean animados por ciudadanos valientes y ambiciosos. No hay que dejar que los partidos pierdan su ambición, que se preocupen sólo por tomar el poder y renuncien a transformar la sociedad. Hoy, allí donde voy, veo el riesgo de que los indignados se queden fuera del juego político. Y así se marginalizan.

2/26/2013 09:59:00 a. m.

Carta de Victor Hugo a Benito Juárez


Hauteville House, 20 de Junio de 1867
Al Presidente de la República Mexicana:
Juárez, vos habéis igualado a John Brown.
La América actual tiene dos héroes, John Brown y vos. John Brown, por quien ha muerto la esclavitud; vos por quien ha vencido la libertad.
México se ha salvado por un principio y por un hombre. El principio es la República; el hombre sois vos.
Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos es terminar en el aborto. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro.
Europa, en 1863, se arrojó sobre América. Dos Monarquías atacaron vuestra democracia: la una con un Príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa, que tenía por punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como el mismo en la tierra; que tenía para respaldarlo todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazos sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente fanático de su bandera; que poseía en profusión caballos, artillería, provisiones, municiones formidables. Del otro lado, Juárez.
Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre, con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilaría de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por Generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones. Los matorrales por ciudades. Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándosele bandido.
La usurpación con el casco en la cabeza y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza. El derecho solo y desnudo. Vos, el derecho, habéis aceptado el combate.
La batalla de uno, contra todos, ha durado cinco años. Falto de hombres, habéis tomado por proyectiles las cosas. El clima terrible os ha socorrido; habéis tenido por auxiliar a vuestro sol. Habéis tenido por defensores a los pantanos infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, las marismas plenas de fiebre, las vegetaciones tupidas, el vómito negro de las tierras calientes, los desiertos salados, los grandes arenales sin agua y sin hierbas, donde los caballos mueren de sed y hambre; la grande y severa meseta del Anáhuac que, como la de Castilla, se defiende por su desnudez ; las barrancas siempre conmovidas por los temblores de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado de Toluca. Habéis llamado en vuestro auxilio a vuestras barreras naturales: lo escabroso de las cordilleras, los altos diques basálticos y las colosales rocas de pórfido. Habéis hecho la guerra del gigante y vuestros proyectiles han sido las montañas.
Y un día, después de cinco anos de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. Nada de Monarquía, nada de ejércitos; nada más que la enormidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento, un hombre de pie, Juárez y al lado de este hombre, la libertad.
Vos habéis hecho todo esto, Juárez, y es grande; pero lo que os resta por hacer es más grande todavía.
Escuchad, ciudadano Presidente de la República Mexicana:
Acabáis de abatir las Monarquías con la democracia. Les habéis demostrado su poder, ahora mostrad su belleza. Después del rayo mostrad la aurora. Al cesarismo que masacra, oponed la República que deja vivir. A las Monarquías que usurpan y exterminan, oponed al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros, mostrad la civilización. A los déspotas mostrad los principios.
Humillad a los Reyes frente al pueblo, deslumbrándolos. Vencedlos, sobre todo, por la piedad.
Protegiendo al enemigo se afirman los principios. La grandeza de los principios consiste en ignorar al enemigo. Los hombres no tienen nombre frente a los principios; los hombres son el Hombre. Los principios no conocen más allá de sí mismos. El hombre en su estupidez augusta no sabe más que esto : la vida humana es inviolable.
¡Oh venerable imparcialidad de la verdad! ¡Qué bello es el derecho sin discernimiento, ocupado sólo en ser el derecho!
Precisamente delante de los que han merecido legalmente la muerte, es donde debe abjurarse de las vías de hecho. La grandiosa destrucción del cadalso debe hacerse delante de los culpables.
Que el violador de los principios sea salvaguardado por un principio. Que tenga esta dicha y esta vergüenza. Que el perseguidor del derecho sea protegido por el derecho. Despojándolo de la falsa inviolabilidad, la inviolabilidad real, lo ponéis delante de la verdadera inviolabilidad humana. . Que se quede asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquel por el cual no es Emperador. Que este Príncipe que no sabía que era un hombre, sepa que hay en él una miseria, el Rey; y una Majestad, el hombre.
Jamás se os ha presentado una ocasión más relevante. ¿Osarían golpear a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y salvo? Uno ha querido matar a un Rey; el otro ha querido matar a una Nación.
Juárez, haced que la civilización dé este paso inmenso. Juárez, abolid sobre toda la tierra la pena de muerte.
Que el mundo vea esta cosa prodigiosa: la República tiene en su poder a su asesino, un Emperador; en el momento de aniquilarlo, descubre que es un hombre, lo deja en libertad y le dice: Eres del pueblo como los otros. ¡Vete!
Esta será, Juárez, vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es soberbia. La segunda, perdonar al usurpador, será sublime.
¡Si, a estos Príncipes, cuyas prisiones están repletas; cuyos patíbulos están corroídos de asesinatos; a esos Príncipes de cadalsos, de exilios, de presidios, y de Siberias; a esos que tienen Polonia, a esos que tienen Irlanda, a los que tienen La Habana, a los que tienen Creta; a estos Príncipes a quienes obedecen los jueces, a estos jueces a quienes obedecen los verdugos, a esos verdugos obedecidos por la muerte, a esos Emperadores que tan fácilmente cortan la cabeza de un hombre, mostradles cómo se perdona la cabeza de un Emperador!
Sobre todos los códigos monárquicos de donde manan las gotas de sangre, abrid la ley de la luz y, en medio de la más santa página del libro supremo, que se vea el dedo de la República señalando esta orden de Dios: Tú ya no matarás.
Estas cuatro palabras son el deber.
Vos cumpliréis con ese deber.
¡El usurpador será salvado y el libertador ay, no pudo serlo! Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, sin más derecho que el que tiene cualquiera hombre, he tomado la palabra en nombre de la democracia y he pedido a los Estados Unidos la vida de John Brown. No la obtuve. Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La obtendré?
Sí y quizá a esta hora esté ya concedida.
Maximiliano deberá la vida a Juárez.
¿Y el castigo?, preguntarán.
El castigo, helo aquí:
Maximiliano vivirá "por la gracia de la República" .
Víctor Hugo




2/26/2013 09:50:00 a. m.

Carta de Victor Hugo a México con motivo de la Intervención francesa



¡Mexicanos! Tenéis la razón y yo estoy con vosotros. Podéis contar con mi apoyo. Y habéis de saber que no es Francia quien os hace la guerra, es el Imperio. Estoy de verdad con vosotros porque todos estamos frente al Imperio: vosotros en México y yo e Europa. Vosotros en la patria y yo en el destierro. Combatid, luchad, sed terribles y si creéis que mi nombre vale para algo, serviros de él. ¡Apuntad a ese hombre en la cabeza y que la bala que lo mate, sea vuestra libertad! ¡Valientes hombres de México! Resistid a la perfidia y a la traición. Y si lo hacéis, venceréis. Pero sabed que vencedores o vencidos, Francia será siempre vuestra hermana, hermana en vuestra gloria como en vuestra desgracia. Yo por mi parte, envío a los vencedores mexicanos mi fraternidad de ciudadano libre; y si vencidos, mi fraternidad de proscrito.Víctor Hugo 1862 
2/24/2013 01:34:00 p. m.

Julian Assange saluda a Mexico

Gracias a La Jornada el fundador de Wikileaks en la presentacion del libro durante la feria del libro 2013, via teleconferencia.