12/14/2010 06:01:00 p. m.

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Pensar contra la corriente del tiempo es heroico: decirlo una locura.
Eugène Ionesco

Por Hasardevi

Ionesco, o Eugen Ionescu en rumano, ese "loco", dice algo tan verdadero como fácil de comprobar. En su famosa obra La cantante calva, este autor del "teatro del absurdo" expresa precisamente la incapacidad de las personas para expresar sus opiniones, para comunicarse...

El vacío también, de la incomunicación que se da a niveles íntimos como los de una pareja que no se comunica, a pesar que se digan mucho. Son dos monólogos en los que no se escuchan el uno al otro. Este absurdo, trasladado de la familia en donde nadie sabe ya ni quienes son unos y otros y en todo caso da lo mismo, a la sociedad actual, en donde la expresión de las opiniones ni siquiera refleja una creencia personal, ya que se expresa lo que otros dicen, ya sean los medios masivos (en su gran mayoría), los padres, los hijos, los vecinos, etc., etc. De esto trata la obra de Ionesco.
Pero Eugen va más allá: dice que pensar contra la corriente es en sí heroico, y decirlo, una locura. Porque el hecho de pensar como minoría, de manera no convencional, sugiere ya un grado de aislamiento, de frustración al darse cuenta que se está solo, o casi... pero atreverse a decirlo, es declarar al mundo "estoy loco".
Porque el arte de pensar, de sentir, se va perdiendo. Se habla, se oye, pero no se comunica ni se escucha al corazón del otro. El lenguaje se ha agotado, las ideas también. Nada hay nuevo sino en la forma de expresarlo, pero lo único que da validez a la expresión, en todo caso, es la coherencia de los actos en consecuencia. Eso pienso.

La política es una de las expresiones más vivas del absurdo, del cinismo y de la hipocresía al mismo tiempo. La incoherencia llevada a extremos de verdadera esquizofrenia. Cuando en ese medio, alguien, un político, no camina en el sendero que "debía" como buen político del sistema, tendrá que vérselas con la más acérrima crítica de colegas e intelectuales, entre otros, incluyendo el pueblo en general, todos estos bien asimilados al sistema.
El absurdo de un paìs conmocionado por el crimen y la corrupción, la crueldad y la defensa que hace de sus verdugos. Del bando que sean pues la línea divisoria se diluye.

Pienso por ejemplo en el blanco favorito de las burlas y el denuesto en México: Andrés Manuel López Obrador, quien recientemente dijo que el denuesto de ese psicópata Salinas, tan aceptado él sí, en los medios, era "un timbre de orgullo". Y en efecto lo es. No hay peor vergüenza que ser alabado por un tonto, según el sabio iluminado Nichiren, y esto también obra a la inversa.

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