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Julian Assange revela la cara oscura de las democracias occidentales



 Por Hasardevi
2 de Septiembre, 2016
(Información de Libération)

En junio se cumplieron 4 años del confinamiento de Julian Assange 



¿Qué significa esto para el mundo occidental, para el primer mundo que pregona la democracia y los derechos humanos y presume ser el mundo libre por antonomasia?

El actor y director francés Denis Podalydès, ganador de varios premios como cineasta y quien también es autor de obras de teatro, tomó parte en el video “Cuando vinieron a buscar a Assange” organizado por el Instituto de investigación e innovación y de las Artes Industriales con el diario francés Libération, en el marco de la velada de apoyo y debate llevada a cabo en el Centro Pompidou de París, con motivo del cuarto aniversario de la detención de Julian Assange. El filósofo croata Srecko Horvat coordinó una serie de eventos que tuvieron lugar simultáneamente en una decena de ciudades.


Aquí mi traducción de lo que dijo el cineasta:

Soy, creo, como mucha gente de mi generación y de las generaciones que me preceden, heredero de una idea de la democracia que nos viene de las Luces: la autonomía del hombre, la libertad humana Rousseau, Hegel, Kant… Este es el contexto cultural en el que me crié. En esta herencia la verdad es algo que siempre termina por decirse, se admite. Esto a veces lleva tiempo, pero la verdad, en todas las áreas, llega. Y la democracia se basa precisamente en una relación con la verdad y la revelación de la verdad.

Me acuerdo del curso de Michel Foucault, al cual asistí dos veces. Se titulaba “El Valor de la Verdad” (Le courage de la vérité), por supuesto él habló de Sócrates. Se me dijo entonces que la verdad no era algo necesariamente obvio: no se revela por sí sola, hace falta que las personas lo hagan, la voluntad de divulgarla, declararla; y a veces eso tiene un precio.

Siempre pensé que el precio más alto se pagaba en los gobiernos no democráticos, en las dictaduras, y que incluso el costo podía ser la vida. Y que en las democracias, especialmente las democracias modernas, el acceso a la verdad era relativamente natural. Assange es la prueba de que esto no es verdad y que, decirla, presupone un valor gigantesco, de lo cual muy poca gente es capaz, finalmente.

Decir la verdad es algo que me parece a la vez necesario y casi inhumano. La verdad es siempre muy difícil de decir y por eso inventamos lugares como los teatros, para que pueda ser dicha ahí de forma mediada, decirla sin que sea realmente dicha, decirla pero puesta en escena, puesta sobre el fondo de la ficción, para que pueda de igual forma surgir con fuerza. Pero sin que se confronte directamente con la realidad que, a veces, resulta en violencia.

Alguien como Julian Assange es un actor de esta verdad, pero actuando sobre un escenario gigantesco y terrible que es la escena de la realidad del mundo contemporáneo. Esto es tanto más violento al pensar que se trata de un hombre que tiene a casi todo el mundo en contra de él, y al mismo tiempo dice una verdad bastante simple: denuncia la cara oscura de la democracia occidental, así simplemente. Y por este hecho merece la atención de toda la gente de buena fe, de todos los demócratas, de todos aquellos que preconizan un idealismo democrático en el que la verdad deba ser soberana y deba ser dicha.

Para mi Julian Assange es como un héroe. A primera vista uno no entiende como un estado como el Francés, pudo ser capaz de negarle el asilo, creo que así es el juego democrático; es decir que un Estado como Francia, no puede hacer frente a los Estados Unidos sobre esta cuestión. Julian Assange es también tema de conflicto entre los mismos demócratas.


Pero para nosotros, los ciudadanos, es prácticamente una obligación hacer simplemente que se conozca  el nombre de Assange, tratar, tanto como podamos, de apoyarlo y de trabajar para que esa verdad se difunda. El ha tenido el valor, la inteligencia, la capacidad; todo eso está en el mundo de las artes y todos aquellos que están ahí y que no tienen forzosamente una relación frontal con la verdad, si realmente quieren mirarse al espejo como ciudadanos, con un poco de orgullo y de honestidad, deben tenderle la mano.

Hasta aquí lo dicho por Podalydès.

¿Qué hacemos nosotros con la verdad? ¿Cuál es el verdadero apoyo para los que ayudan a revelarla?
¿Cuál es la digna actitud a seguir una vez conociendo la verdad?


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