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El Estado fragilizado por los sucesivos fraudes




Por Hasardevi
Octubre 9, 2016


La dignidad es un llamado a regresar a las raíces primordiales de la humanidad, a construir la paz




Difícilmente habrá pleno reconocimiento de los derechos humanos, en los hechos, no sólo en las leyes, en un país en el que ninguno de los poderes constitucionales funciona como debe.
El ejecutivo es impuesto y su poder discrecional traspasa incluso las barreras de lo legal.  Los fraudes de los cuales devienen estas presidencias que desde hace décadas gobiernan a México, impiden que haya una vida pública sana.

Lo que se diga en este sentido, ya que algunos proclaman en recetas y recomendaciones teorías para acabar con la corrupción, carecerá de trascendencia porque las “condiciones” para mejorar la seguridad y combatir la violencia,  la democracia misma, se estrellan contra el muro de un régimen viciado de origen, nacido del fraude. Obviar esto es obviar la historia y, por tanto, repetirla dolorosamente.

El ensayo editado por morena y de distribución gratuita, coescrito por Paco I. Taibo, Elena Poniatowska, Héctor Díaz Polanco, Fabrizio Mejía, Héctor Vasconcelos, Pedro Miguel, Jesús Ramírez Cuevas, José Alfonso Suárez del Real y Sanjuana Martínez, Fraude 2012, advierte desde el comienzo que el fraude es viejo en la historia de México. Hay por lo menos registrados cinco grandes fraudes: los cometidos contra José Vasconcelos (1929), Juan Andreu Almazán (1940), Miguel Henríquez Guzmán (1952), Cuauhtémoc Cárdenas (1988) y Andrés Manuel López Obrador (2006). En consecuencia, los mexicanos hemos sido llamados “los hijos del fraude”. Así comienza este breve pero profundo ensayo sobre  la gran desgracia nacional,  en  la que se asientan todas las otras desgracias que hoy se viven en este país.

Para Francisco Estrada, existe un fraude más: el fundacional, podría decirse, llevado a cabo en el siglo XIX apenas alcanzada la Independencia de México en 1824, aún sin partidos políticos pero con logias que actuaban como tales y sin voto directo, pero comprándolo a quienes sí podían ejercerlo.


“Fraude 2012” nos recuerda por ejemplo, que en 2006 el fraude tuvo lugar de manera burda con la “alianza de los poderes fácticos y la pareja presidencial en turno, con autoridades electorales que traicionaron su vocación y desacreditaron, quizá irremediablemente, la institucionalidad democrática de México”.

En el escrito mencionado, se alude a la de 2012 como una elección comprada.  Por lo tanto, si como ahí se asienta la elección no fue ni libre ni auténtica, no puede hablarse de un gobierno democrático en absoluto. Un fraude se perpetró en 2012 ya que comprar una elección con la connivencia de los órganos electorales que se negaron a admitir e investigar las pruebas aportadas, equivale a una gran estafa a la democracia.

“Existe en México un establishment político-económico-financiero-sindical-intelectual-mediático aún más fuerte y poderoso que el que en Inglaterra dio origen al término.” Y es éste quien determina quién gana las elecciones en México. Y este establishment decidió hace tiempo que AMLO no debe tener acceso al poder. La razón principal: porque no es “comprable” ni susceptible de ser cooptado, por tanto sólo les queda “anatematizarle”. Esto es, satanizarlo, imprecarlo, calumniarlo, ridiculizarlo, en fin, hacer todo lo que sea necesario para hacer de él un personaje peligroso, cubrirlo de todos los defectos de los que, quienes detentan el poder, sí son poseedores, como corrupción, ineptitud, etc.
Si antes ya se hablaba de concertaceción entre PRI y PAN, en 2012 quedó claro que eran absolutamente lo mismo, y, con el represor Mancera a la cabeza del gobierno del DF, se consumó el pacto, con el PRD, incluido lo cual estableció formalmente la desaparición de la izquierda de ese partido. Hoy sólo morena puede adjudicarse tal título.

El gobierno de Mancera merece mención aparte por la traición al electorado que votó por un gobierno de izquierda en la capital de la República y a cambio obtuvo un gobierno reaccionario, ineficiente, vasallo del gobierno federal y que ha sumido a la ciudad en un caos en todos los sentidos. Mancera comenzó a deslegitimarse desde el 1º de diciembre cuando hizo caer el peso de la represión sobre quienes se manifestaron en contra de Peña. El dolor y perjuicio que ha causado en decenas de familias (hoy aún hay gente encarcelada y hubo incluso muertos y heridos) es la marca de su fallido gobierno. Hombre desleal y embustero, se ha granjeado el desprecio de la ciudadanía con sus reiterados atropellos a los derechos humanos y desplantes fascistoides.

Regresando al ensayo en cuestión, en éste se nos recuerda que  el viraje hacia la derecha de la élite mexicana ha ido consolidándose con los gobiernos neoliberales de las últimas décadas y prueba de ello es el desmantelamiento del Estado Laico, antes médula de la vida pública mexicana.
Hoy, a cuatro años del fraude prianista y con 28 mil desaparecidos políticos, también la soberanía nacional y la política exterior mexicana –antes respetada- están en abierto entredicho. Las acciones del gobierno peñista, con las contra-reformas constitucionales y una política exterior servil, han abatido lo poco rescatable de la política oficial y sumido a México en la desolación.

Si hemos de preguntar qué sigue, qué haremos, en dónde está la respuesta, tendremos que mirarnos al espejo: La respuesta está en el pueblo. Y en eso coinciden los autores de este recordatorio de nuestra terrible realidad.

“… Y en particular de sus jóvenes. No creo que sean los tribunales electorales, los partidos políticos (aunque su papel será imprescindible), ni tampoco un solo dirigente quienes determinen el porvenir. Sólo la gente, la concientización del pueblo, la firmeza y determinación de los jóvenes que hoy están a la vanguardia de la actitud crítica hacia nuestra sociedad, sólo ellos habrán de determinar el futuro. En 1929 en Guaymas, al inicio de este ciclo de elecciones fraudulentas, José Vasconcelos pidió un puñado de hombres armados para hacer valer la legalidad electoral. No los hubo. Nosotros pedimos cientos de miles, millones de hombres y mujeres, desarmados, pero decididos a cambiar la realidad del país ¿Habrá hoy suficientes ciudadanos empeñados en sostener los principios democráticos y a detener —47— Fraude 2012 las prácticas ilegales y los arreglos turbios? O bien, ¿entraremos en un período en que la corrupción y la explotación de los más débiles tengan libre curso por tiempo indefinido? La respuesta está en el pueblo y los jóvenes: ellos tienen la palabra y son hoy la vanguardia de nuestra historia". (Héctor Vasconcelos)

Tenemos que comprender, es imprescindible, el grado de descomposición en que el país entero ha caído. Con un presidente espurio que acusa al pueblo de corrupto mostrando cínicamente su nuevo avión, su “casa blanca” cuya dudosa adquisición ha sido perfectamente documentada, sus viajes con enorme séquito; todo esto con cargo al erario, es decir, al pueblo empobrecido por esa clase política rapaz. En parte por esa amenaza de los gobiernos que asesinan, desaparecen y encarcelan a sus jóvenes, que criminalizan la protesta social. En parte por el circo mediático que desorienta y entretiene, la sociedad mexicana parece haber caído en una especie de marasmo. Y otra parte de esta sociedad, se encuentra inmersa en el torbellino de la manipulación llevada a cabo por los medios.

Es menester comprender también que los casos Ayotzinapa, Atenco y demás barbaridades, son resultado de un régimen espurio, de gobiernos fraudulentos. La falta de respeto que se da en los tres niveles de poder, con una suprema corte comprada, y los poderes judicial y legislativo al servicio del ejecutivo es el origen de toda esta corrupción que desemboca en desgracia de tanto en tanto, y estos hechos se suceden cada vez con más celeridad.

Es imperioso atacar al origen para poder revertir el estado de cosas. Hay que poner las redes al servicio de la denuncia, para estar marcando en un ejercicio de constancia y valor civil, con seriedad y sobriedad, a estos delincuentes que no se esconden, que exhiben desvergonzadamente hasta en videos su abominable contubernio.

Hay que comenzar por reconocer que no vivimos en una democracia. Llamar a las cosas por su nombre, radical como suena, es mantener la lucidez y no perderse en eufemismos. No obstante, eso no significa vivir en medio de una batalla campal, ni permitirse la deshumanización con la violencia en la que el adversario pretende envolver toda acción contestataria. Significa permanecer enfocados en una digna humanidad para no sucumbir mientras se mantiene firme el paso hacia adelante.

La insurrección significa no seguir ni el tiempo ni el sendero que pretenden marcar los medios e intelectuales al servicio del statu quo. Significa confrontar y exigir respeto a quienes sí representan hoy los intereses del pueblo y están en Morena dando la batalla en las cámaras y en la Asamblea Constituyente. Ponerse de pie sin temor a expresar públicamente la propia filiación hacia un nuevo proyecto de Nación, hacia el movimiento por la regeneración nacional. La vergüenza es de los falsos representantes, malos gobernantes y medios e intelectuales sumisos al régimen; la dignidad, está del lado de los que luchan por cambiar ese régimen.

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