1/26/2009 07:34:00 p. m.

Estos rojos que sueñan con Rosa…


Hace noventa años, Rosa Luxembourg, Karl Liebknecht y varios de sus compañeros
que acababan de fundar el Partido comunista de Alemania, fueron asesinados
por un comando militar, mientras que trataba de desarrollarse un movimiento
revolucionario en el país. Figura prominente del movimiento obrero
internacional, economista, téorica de la democracia, mujer cultivada,
sensible,
ella nos dejó una herencia fecunda que merece ser reevaluada en el
momento de la
crisis mundial del capitalismo.

(Título original: Ces rouges qui rêvent de Rosa…)


Nacido de la fusión de los ex-comunistas del Este y de los disidentes socialistas, « Die Linke » (La Izquierda) se reivindica en Rosa Luxembourg y sirve de modelo a la izquierda radical francesa.

BERLIN, de la corresponsal de Libération.fr NATHALIE VERSIEUX, traducido por: Hasardevi


En menos de una hora, las dos tumbas han desaparecido bajo un mar de claveles rojos. Como cada segundo domingo de enero, decenas de miles de admiradores habían visitado, el domingo pasado en el cementerio de los socialistas de Friedrichsfelde, al Este de Berlín, para rendir homenaje a Rosa Luxembourg y a Karl Liebknecth. El 15 de Enero de 1919, las dos figuras históricas de la izquierda radical alemana fueron asesinadas en Berlín por una tropa paramilitar, cuando Alemania, en plena revolución, estaba dirigida por el social-demócrata Friedrich Ebert. En Friedrichsfelde, la multitud, callada y de caras largas, se compone de una concurrencia más bien de edad y ampliamente masculina. La prensa es mal vista, a excepción de publicaciones neocomunistas que son Neues Deutschland y Junge Welt.

« Paz, Rectitud, Valentía »

En esta jornada helada, han venido muchos especialmente de lo más recóndito de la ex-RDA (República Democrática Alemana). Como esta pareja de jubilados Anglosajones que asiste a la conmemoración cada año desde 1985. Una vez más, para el 90ª aniversario del asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, compraron tres claveles a la entrada del cementerio. Uno para Rosa, uno para Karl, el tercero para Ernst Thälmann, el jefe del Partido Comunista alemán (KPD) de 1925 a 1933, muerto en el exilio a Buchenwald en 1944. La mujer admira «su valentía, cuando hoy tantos prefieren permanecer arrellanados en su sillón más que actuar». Su marido juzga la peregrinación de este año «más importante que nunca, en momentos en que el capitalismo está al borde del colapso».

Ambos se animan un poco a la vista de un grupo de amigos acurrucados al calor de un puesto de salchichas y vino. Como ellos, son los militantes del partido de extrema izquierda Die Linke (“la izquierda” en alemán), nacido el 16 de junio de 2007 de la fusión del partido neocomunista PDS, heredero del partido comunista SED de Alemania del Este, y los disidentes de izquierda del partido social-demócrata SPD, llevados por Oskar Lafontaine. “Tengo una relación muy emocional con Kart Liebknecht y Rosa Luxemburgo, explica Ulrich, de 63 años, antiguo profesor de la universidad. Ellos representan para mi el socialismo, el compromiso por las libertades, la paz, la equidad, la rectitud, el valor.” Ulrich vino de Hamburgo para asistir a la Conferencia internacional Rosa-Luxembourg, en donde los militantes de extrema izquierda sudamericanos ocuparán un puesto junto a palestinos, alter mundialistas, movimientos de lucha anti-imperialistas del Senegal o de Cuba. La entrada cuesta 21 euros - 15 para los desempleados y los jubilados.

10% de la intención del voto

Die Linke, esta alianza conformada por la antigua élite comunista de la ex-RDA y por los decepcionados de la social-democracia, es a menudo citada en Francia como un modelo por quienes tratan de construir una alternativa a la izquierda del PS. Ejemplo reivindicado por Jean-Luc Mélenchon, Die Linke interesa el CPF y no deja indiferente a Olivier Besancenot y su futuro Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). Y no deja de preocupar a los responsables del Partido Socialista.

Más allá del Rhin, Die Linke forma una mezcla improbable pero redituablemente eficaz en el plan electoral. Acreditado de más del 10% de las intenciones de votación, la izquierda pone en apuros al Partido social demócrata SPD, reducido a desempeñar el papel de socio menor de Angela Merkel en Berlín desde la derrota de Gerhard Schröder en 2005. Die Linke está representado en los parlamentos regionales en diez de los dieciséis estados federados así como en el Bundestag, el Parlamento federal, con 54 diputados. Co-gobierna con el SPD, la ciudad de Berlín y cuenta con numerosos alcaldes en la ex-RDA. Hasta la fecha, dondequiera que se presenta, pasa el umbral del 5%, por debajo del cual un partido no es electo.

Este ascenso tiene también sus límites: ni en el Oeste del país ni en el nivel federal, Die Linke no puede esperar acceder al poder. “Una alianza del SPD con Die Linke es imposible de considerarse por una mayoría de alemanes del Oeste”, asegura el historiador Heinrich August Winkler, autor de una Historia de Alemania, siglos XIX-XX, Fayard, 2005. A los ojos de los votantes de izquierda leales al SPD, el partido carga como un lastre el pasado nebuloso de numerosos adherentes alemanes del Este. Muchos "calcetines rojos”, como se les denomina con ironía en el Oeste, han apoyado la dictadura comunista, e incluso colaborado con su policía política, la Stasi. De 73000 inscritos, más de dos tercios proceden de la ex República Democrática Alemana.

Sobre todo, El SPD y Die Linke no están de acuerdo en ningún tema, o casi en ninguno. Política extranjera, economía y sociedad, educación... Ningún terreno de acuerdo es posible entre los dos partidos. Es la razón por la cual Gerhard Schröder ha debido ceder el lugar a Angela Merkel en 2005: sobre el papel, SPD, Verdes y Die Linke tenían la mayoría absoluta la tarde de las elecciones con 336 curules de 615. “Pero una mayoría aritmética no es una mayoría política”, insiste Heinrich August Winkler. El SPD de Hesse, ha tenido una amarga experiencia en un Estado federado del Oeste del país. La lista social-demócrata llegada a la cabeza en las elecciones regionales hace un año, tentó a la alianza de izquierda. Pero se hizo descartar por su propio partido. Los electores de Hesse han sido llamados nuevamente a las urnas recientemente; esta vez, la victoria del candidato de derecha no está en duda.

Es así que la izquierda alemana, se encuentra desencantada de los partidos y sus dirigentes, no tienen confianza en votar por ellos, en el Die Linke, ya sean jóvenes o viejos, retirados, desempleados o en activo, sean del Este o del Oeste, todos quieren sobre todo la paz y desconfían de ver a Alemania exportando armas. Todos rechazan las inequidades sociales ligadas al desempleo y a los bajos salarios. Todos quieren la abolición de Hartz IV, la reforma del mercado de trabajo del gobierno de Schröder adoptada en 2005 que lleva el nombre de un antiguo director de personal de la Volkswagen, exconsejero de un excanciller del social-demócrata. En Alemania, Hartz IV es sinónimo de “desclasificación” social de los desempleados de largo plazo.
Markus, informático de 43 años, está decepcionado de los verdes que apoyó activamente en los años 80, “en la época en que todavía estaban a la izquierda”. Fue antes de lo que él llama “el acuerdo” con la social-democracia, la participación en el gobierno de Schröder, responsable de las reformas sociales que privaron a los desempleados de largo plazo de una parte de su indemnización por desempleo. Markus tiene sólidas convicciones anticapitalistas y anti-imperialistas.

« Viejos, decepcionados y perdedores »

Como Daniel, un estudiante de Dortmund de 27 años. El vota en rebeldía por la izquierda sin estar convencido por este “partido polvoriento de viejos” que no deja lugar a los trotskistas como él. “Die Linke, es un partido social-demócrata de izquierda que defiende las posiciones de la social-democracia de antes. Un partido demasiado reformador”, se burla, “¡mire lo que pasa cuando Die Linke participa en el gobierno! ¡en el parlamento regional de Berlín, no hacen sino avalar la política liberal y pragmática del SPD! ¡Ya ni hablan de abolir las reformas sociales de Schröder! ¡Ya ni ponen en tela de juicio la propiedad!” Con finos anteojos de intelectual, Daniel lamenta que la izquierda alemana no haya producido ningún personaje digno de la talla del Che Guevara o de Hugo Chávez, además de Kart Liebknecht y Rosa Luxemburgo.

« Los electores de izquierda proceden de horizontes heterogéneos, resume el politólogo Gero Neugebauer. En el Este, está constituido esencialmente por la antigua elite del régimen comunista y de aquellos que se socializaron: sus descendientes. Un segundo grupo está constituido por decepcionados y perdedores de la unificación. En el Oeste, se encuentran personas que no habían votado jamás por la izquierda, antiguos votantes de los Verdes y del SPD, los manifestantes que cambian de partido según los sondeos. Lo que es interesante es que estos electores no están convencidos de que Die Linke sea competente para gobernar. Se dejan guiar sobre todo por el carisma de Gregor Gysi (exdirigente del PDS) y de Oskar Lafontaine.”

En este contexto, el culto a Rosa Luxembourg (y accesoriamente a Karl Liebknecht) hace coincidir a todos. Este culto, preservado por la República Democrática Alemana, permitía al Partido Comunista de Alemania del Este reivindicar sus raíces en la historia alemana. “Rosa Luxembourg es el símbolo de la revolución, resume Klaus Schroeder. Ella dijo todo y su contrario. Era pacifista, en el sentido de que rechazó la Primera Guerra mundial. Pero estaba a favor de la guerra civil y, en este sentido, todo menos pacifista. A este respecto ¡estaba por la violencia!»

« Die Linke es un concepto heteróclito que puede funcionar en tanto registre éxitos electorales, y en tanto que el SPD esté en el poder, añade el politólogo Schroeder. Si tras las elecciones de septiembre, Angela Merkel llega a formar una coalición de centro derecha con los liberales, el SPD, en la oposición, defenderá las posiciones que son actualmente las de Die Linke y empujará a éste más a la izquierda, haciéndole perder una buena parte de su electorado.”
En Berlín, la pareja británica nostálgica de la ex-RDA se prepara para irse, cuando Daniel y sus amigos se ponen su capucha negra para ocultar la cara antes de ir a manifestarse a los gritos de “Palestina para los palestinos". Al mismo tiempo, más al oeste en la ciudad, una parte de la dirección de Die Linke camina junto a la comunidad judía de Berlín para manifestar su apoyo a Israel... Y Markus se pregunta qué se debe pensar de esta disonancia.

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