7/17/2009 08:37:00 a. m.

La siempre subversiva igualdad


Original francés artículo : L’égalité, toujours subversive

By Denis Colin, filósofo
l'humanité

En 1789, los hombres son proclamados "libres e iguales en derechos", los derechos son "la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”. Conocemos las contradicciones de esta fórmula : los derechos políticos no figuran como tales en la declaración. Los derechos humanos y los del ciudadano son distintos. Marx pudo escribir que era la declaración de los derechos del burgués egoísta. ¿La propiedad no se convierte en el instrumento de una nueva servidumbre de la gran mayoría en beneficio de la minoría de los propietarios?

En el entusiasmo del verano de 1789, las contradicciones podían desaparecer tras los discursos. Las décadas posteriores pusieron todo esto al descubierto: en junio de 1848, la República social se levantó contra la República burguesa y los trabajadores hicieron valer sus derechos contra la libertad y propiedad burguesas. Lo pagaron caro. No faltan razones por tanto para sospechar que la igualdad en derechos sólo sea la legitimación ideológica de desigualdades sociales que ya no provienen (directamente) del nacimiento, sino de la propiedad. Sin embargo, la misma palabra igualdad continúa actuando como un fermento revolucionario. No porque detrás de la reivindicación igualitaria anide la envidia- como afirman los teóricos liberales-, sino porque no hay libertad sin igualdad. El gobierno de los hombres libres, es el gobierno de los iguales, y la igualdad no es una cuestión del "grosor de la cartera" -los patronos igualan de buena gana los salarios a la baja– sino una cuestión de dominación.

En la desigualdad que existe entre obrero y capitalista, el problema fundamental no es que el capitalista gana mucho más que el obrero -pues podría no darse el caso-, sino que sea el representante del capital quien somete al obrero a las exigencias de la acumulación. La reivindicación igualitaria exige, como decía el congreso del CGT (Confédération Générale du Travail) de 1906, "la abolición del asalariado y del empresariado”. La revolución de 1789-1793 planteó, incluso bajo formas abstractas, la cuestión de la libertad como la no dominación. Pero la historia se ha encargado de mostrar que la no dominación implica la transformación radical de las relaciones sociales. Las clases dirigentes saben bien del potencial subversivo que tiene el igualitarismo. Los ideólogos de la dominación se esfuerzan por destruir el igualitarismo, denunciado como una forma solapada de totalitarismo.

Pero estos discursos no bastaban. Por lo que se desvía la reivindicación igualitaria por una reivindicación próxima, pero perfectamente inofensiva para el orden existente, la no discriminación: a nadie se le puede impedir ser capitalista debido al color de su piel o de sus preferencias sexuales… O incluso: los blancos pobres deben tener tanto derecho a ser sin techo como los negros pobres. Esta doble ofensiva contra la igualdad, frontal y desvirtuándola, es no obstante el homenaje del vicio a la virtud.

(1) Autor de “Cauchemar de Marx”, Ediciones Max Milo, 2009

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