9/18/2012 11:36:00 p. m.

A un año de la indignación: Occupy Wall Street




Resumen y traducción por Hasardevi
18 Septiembre, 2012
Información de Libération, Le Monde y New York Times

"Estamos aquí para protestar contra la avidez de Wall Street", declaró Bill Dodds, portavoz de los Occupy, quien lamenta que nada ha cambiado en el último año. Según él, la policía arrestó a unos cincuenta manifestantes entre viernes y sábado, cifra que la policía no ha confirmado. Otro vocero de Occupy, Mark Bray, se felicita del efecto de la manifestación: "Perturbamos al vecindario y enviamos el mensaje de que los banqueros de WS no pueden ir a trabajar en la mañana sin reflexionar en lo que hacen sus instituciones al país".

 Centenas de personas han acampado durante semanas en el parque Zuccotti, cerca de Wall Street para protestar contra la corrupción, las instituciones financieras y contra el rescate de los grandes bancos y la dominación del 1%, los más ricos. Su acción, ha empujado a otras ciudades americanas y europeas a hacer lo mismo. Un año más tarde, los miembros de Occupy WS confían en volver a impulsar su movimiento que parece haber decaído, ya que la policía ha desmantelado la mayor parte de sus campamentos, en ocasiones de manera violenta como en el parque Zuccotti en noviembre.

 El New York Times habla de 185 arrestos durante la "celebración" de un año de ocupar Wall Street.
A las pocas semanas de haberse instalado los ocupantes de Wall Street, manifestaciones similares se expandieron a docenas de otras ciudades de los Estados Unidos, incluyendo Los Angeles, San Francisco, Oakland, Chicago, Detroit y Boston, así como en ciudades de Europa, Asia y  otras parte del continente americano, atrayendo a miles de personas. Las protestas también se extendieron rápidamente por muchos campus universitarios alrededor de los EUA.
El movimiento logró impregnar el debate público y que los demócratas usaran el "99%" en dicho debate, mientras que los republicanos contra-atacaron diciendo que esta "gente" promovía la "guerra entre las clases" y "dividía al país", los tacharon incluso de "anti-americanos". 
Para el NYT, dado que los Occupy no tienen una estructura de liderazgo tradicional, hace que sea difícil para el movimiento participar en política convencional u organizarse para contar con el apoyo de los legisladores estatales y miembros del Congreso, como sí lo tiene el "Tea party", situado a la derecha radical del espectro político estadounidense.
Tanto Obama como Joseph R. Biden Jr, el vice presidente y la representante de los demócratas Nancy Pelosi han mostrado simpatía por el movimiento. Obama dijo que Occupy Wall Street reflejaba "la frustración" que sentía gran parte de los estadounidenses que hacían esfuerzos por sobreponerse a la situación económica.
Eric Cantor, líder de la mayoría en la Cámara, llamó a los que protestan "una mafia creciente" y otros republicanos destacados han dicho que estas manifestaciones son el trabajo de "celosos anti capitalistas".
Unas 8,000 cartas han sido enviadas a los banqueros en la siguiente tesitura: "Queridos banqueros, gracias por destrozar nuestras vidas..." Así, se han compilado 200 de dichas cartas en un libro que se llama: "El Problema son los Bancos; cartas a Wall Street" y se publicará este mes.

«Es tiempo de pasar a Occupy Wall Street 2.0»

El ensayista estadounidense Todd Gitlin, dice en entrevista que, si el movimiento nacido en Nueva York hace un año quiere sobrevivir, debe abrirse a nuevos círculos.


Todd Gitlin (en la foto) es un maestro de sociología y periodismo en la Universidad de Columbia, él mismo fue activista en los años 60 y acaba de publicar un libro: Occupy Nation: the Roots, the Spirit, and the Promise of Occupy Wall Street (Ocupar la Nación: Las raíces, el espíritu y la promesa de Ocupar Wall Street).
A la pregunta de si a un año de OWS se puede decir que fue un éxito, Gitlin responde que sí, pero que al mismo tiempo, dice que hoy es un movimiento en crisis. Ha tenido éxito porque condujo a un cambio en la cultura política y su retórica se popularizó, las fórmulas como "los 99%" con relación al "1%" de ultra privilegiados, por ejemplo, la idea de que la sociedad es dominada por una plutocracia que se apropia de la riqueza en detrimento de las mayorías, son temas que han encontrado resonancia.

Dicho movimiento, también ha tenido algunas victorias concretas en sus localidades p. ej. la anulación de decisiones de embargos inmobiliarios. También se puede hablar de su impacto en la campaña presidencial ya que condujo a Newt Gingrich a presentar a Mitt Romney como un arquetipo de la depredación capitalista, lo que no le ayudó en nada a él y menos a Romney, en cambio sí a la campaña de Barack Obama, quien enarbola un programa económico más bien progresista pero que Occupy ha acelerado y obligado a ampliar.

¿Occupy en crisis?

No obstante sus logros, dice el sociólogo, la crisis del movimiento estriba en que se limita a algunas decenas de miles de personas. Gente joven en su mayoría muy autorizada, a menudo provenientes del medio artístico y que tienen dificultad para explotar sus talentos en la sociedad actual. Pero han llegado a un límite numérico. Ahora lo difícil para el movimiento es ampliarse, enlazarse con otros. Aunque realmente el núcleo del movimiento no está muy interesado en ello; lo que les anima más bien es la identidad del propio movimiento, el hecho mismo de existir, más que una estrategia de resultados. Aun conservando esos fundamentos, Occupy debe renovarse si quiere sobrevivir.

La primera fase del movimiento, la de las ocupaciones, los campamentos, las manifestaciones, ha cumplido su ciclo. Es tiempo de pasar a una segunda fase, la que yo, dice Todd Gitlin, llamaría Occupy 2.0, más orientada a demandas concretas y hacia la elaboración de estrategias ventajosas. Esto requiere la participación -junto con esos activistas de tiempo completo que forman la base del movimiento- de nuevos integrantes capaces de organizarse de otra manera, según sus propias estructuras. Personas capaces de llevar sus ideas ante los candidatos, los lobbys. Muchos de los grupos que podrían ser los nuevos actores que el movimiento necesita, afirma el profesor de la Universidad de Columbia, están en este momento comprometidos en la campaña electoral, habrá que esperar a las elecciones para ver cuáles serán las decisiones que se tomen en todo caso.
  ¿Alguna novedad en Occupy, con relación a movimientos sociales precedentes?
 Primero, su popularidad inmediata. Occupy recibió un amplio apoyo rápidamente, además de simpatía por parte de la población. El movimiento ha podido contar con esta amplia base popular, lo que no fue el caso, al principio, de movimientos como el de los derechos cívicos o contra la guerra de Vietnam.
La estructura misma del movimiento no es tan nueva, es una extensión del repertorio común constituido por los movimientos de estos últimos cuarenta años: el recelo en relación con las organizaciones exteriores, el rechazo al liderazgo, la horizontalidad, la democracia directa... todo estaba ya ahí, pero Occupy es el formidable catalizador. La otra novedad, es el uso de Internet como generador de un apetito por la acción y la reunión real sobre el terreno de ésta. Occupy es la convergencia entre la modernidad de las redes sociales y una cierta nostalgia por el "frente a frente", un cierto vivir en conjunto la acción cotidianamente.
¿Cuáles son las debilidades del movimiento?
Lo radical de su núcleo, responde el sociólogo y añade, su componente anarquista, su desconfianza respecto de la acción política en el sentido convencional del término, dejan poco margen a aquellos que no pertenecen a este círculo reducido. Esto limita la extensión del movimiento, que corre el riesgo de encasillarse en la acción de sólo algunos cuantos.
  Usted escribió que Occupy se inscribe en primer lugar sobre el terreno moral...
Desde el comienzo, Occupy se construyó sobre la crítica de las consecuencias de la mala gestión de nuestro sistema financiero, del que algunos se han beneficiado con toda impunidad.  El movimiento ha conseguido apuntar a esta pequeña minoría de ultra privilegiados como los responsables de la degradación del bien común de todos. Más allá de la cuestión netamente económica, se trata desde luego de un escándalo moral, al cual Occupy responde con una crítica moral. Occupy considera que una mala asignación de recursos es una violación del contrato social. En este sentido, este movimiento es un intento de una renovación moral. Esto no es realmente nuevo, pero es la primera vez, desde los años treinta, que la cuestión de las relaciones de clase en los Estados Unidos son tema central, a la izquierda.

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