8/31/2009 04:20:00 p. m.

El capitalismo no es planificable

Foto: Jutta Ditfurth


Reseña del libro de Jutta Ditfurth, ZEIT des Zorns

Vicente Romano /Rebelión

Jutta Ditfurth, ejemplo de honradez y coherencia revolucionarias, nos obsequia con otro de sus excelentes libros: Zeit des Zorns (Tiempo de la ira). Militante destacada de la izquierda antidogmática alemana, conocedora extraordinaria de la evolución, o involución, de la izquierda clásica de su país, nos ofrece un trabajo indispensable para conocer los acontecimientos sociopolíticos y socioeconómicos de Alemania durante los últimos decenios. Esta socióloga, publicista y política comprometida con los más hermosos ideales del humanismo marxista y del ecologismo, nos presenta aquí un ensayo polémico, pero esclarecedor, sobre la naturaleza y las tendencias del capitalismo y su crisis actual.

Hay “izquierdistas”, dice, que se imaginan que el capitalismo se puede reformar y convertir en una formación social más humana. Craso error, proclama. Los marxistas de salón que defienden estas posturas no hacen sino manifestar el temor a perder las comodidades en que se asientan. No hay capitalismo sin lucha de clases, afirma. Y mientras los oprimidos no se rebelen, la lucha emancipadora queda reducida eso, a coloquios de salón reformistas, o más bien conformistas.

Jutta Ditfurth hace aquí un valiente ajuste de cuentas con los políticos y funcionarios que han traicionado los ideales de una sociedad más humana. ¿Qué ha sido del principio de esperanza de la izquierda?, se pregunta. ¿Quién se alza hoy para ponerle límites al capitalismo y combatir la pobreza y la destrucción de la naturaleza?

En la línea de otras mujeres alemanas como Rosa Luxemburgo, Elisabeth Abendroth o Ulrike Meinhof, cada una a su manera, Jutta presta su voz indignada a todos aquellos que se sienten desamparados ante este arrogante sistema depredador de la humanidad y de la naturaleza. Expone en un lenguaje sencillo y claro la verdadera índole del capitalismo, la crisis actual y sus tendencias hacia el autoritarismo y el neofascismo.

Sin necesidad de apoyarse en la crisis, el capitalismo es ya, en su estado normal, una catástrofe para los seres humanos y la naturaleza. No puede existir sin lucro ni explotación. Las dos únicas fuentes de toda riqueza son la fuerza de trabajo humana y los recursos naturales. Y el capitalismo se esfuerza por someterlas y explotarlas al máximo. Esta es su esencia, inmanente a su sistema de producción. La cháchara de que todo lo malo se debe a la avaricia de los banqueros y gestores irresponsables no es más que eso, mera palabrería. Sí, son avariciosos, pero es la estructura misma de este modo de producción la que los fuerza a eso. Y quien no explota al máximo pierde la carrera.

Lo único que puede frenar su afán destructivo son las luchas de clase. No lo para ninguna crisis, él es la crisis. El capitalismo está en crisis permanente, en un sitio o en otro. Para millones y millones de personas, el capitalismo, con crisis o sin ella, no es otra cosa que una catástrofe para sus vidas: trabajan como esclavos los latifundios, crean la riqueza social en cualquier fábrica o taller, cosen la última moda en Europa Oriental, China o Vietnam.

La producción capitalista, el modo de succión de plusvalor, como decía Karl Marx, ocasiona enormes daños físicos y psíquicos a los seres humanos: enfermedades nerviosas y cardiovasculares, infecciones, cáncer, etc. Y los progresos de la medicina se convierten en nuevas formas de acumulación de riqueza para los conglomerados farmacéuticos. Tan sólo una ínfima minoría de la humanidad tiene acceso a estos progresos.

Sí, nos dice Jutta Ditfurth, el capitalismo es reformable, pero raramente para beneficio de la humanidad. A veces se pierden incluso los benéficos humanos, las conquistas sociales de tantos años de luchas. Y a eso se le denomina progreso. ¡Tantas batallas perdidas!

Muchos de estos reformistas no tienen nada que objetar a su esencia. Hablan de “desviaciones”, de “avaricia”, de “capitalismo depredador” y semejantes necedades. Pero jamás admiten que es el capitalismo normal y corriente el que presenta la crisis de sobreacumulación como “crisis financiera”.

El capitalismo produce continuamente crisis. Esto es algo que no nos enseñan en la escuela. Y, en relación con la crisis actual, la autora se hace preguntas como éstas:

¿Qué consecuencias encierra la crisis económica mundial? Catastróficas para los más pobres y para la naturaleza, responde.

¿Se hundirá el capitalismo? Desgraciadamente no. Pero las democracias burguesas se harán más autoritarias y dictatoriales.

¿Nos amenazan más guerras? Sí.

¿Puede el Estado salvarnos del capitalismo? No. Es el Estado del capital, y el capitalismo no es planificable.

Lo que el capital denomina “crisis” es la situación en la que disminuyen sus beneficios. Pero su crisis no es la nuestra. El inmenso dolor humano que lleva implícito le importa un rábano al capital mientras no surjan revueltas, rebeliones y revoluciones.

Nadie puede hacerse ilusiones de que la crisis mundial conducirá al derrumbe del capitalismo. Ayudará a resolver algunos problemas, a sanear el mercado y obtener beneficios extra. El dinero para llevar a cabo estas medidas, que escapan a nuestro control, fluye desde los presupuestos públicos (del pueblo) a los bolsillos de quienes ocasionan este dolor social hasta límites intolerables.

Que nadie se haga ilusiones, advierte Jutta Ditfurth. El sentido de nuestras vidas no lo decide ningún “ser superior”, ninguna Iglesia ni ninguna religión, ni mucho menos el capital. Solamente nosotros decidimos.

Para todo humanista e izquierdista, el ser humano es lo esencial. Y, de lo que se trata es de erradicar todas las relaciones sociales que privan al ser humano de su vida, de sus posibilidades de desarrollo y de su felicidad.

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