10/14/2010 11:16:00 p. m.

Enterrar la verdad

Por Hasardevi

Es muy triste saber que vidas humanas se extinguen lentamente y sin que se les brinde la menor ayuda, el menor gesto humanitario... es indignante. Pero resulta sumamente vergonzoso cuando se equipara la misma situación, en términos generales, y ahí, en otro lugar, con otra gente, se mueve literalmente cielo, mar y tierra para salvar otras vidas humanas.

Lo más alentador, es que no sólo fue un acto para subir la popularidad de cierto gobierno, sino que se apremia a la protección, primero, de la dignidad humana y enseguida, una reforma laboral que permita mayor equidad para estos trabajadores, que como cualquier otro trabajador merecen una remuneración y beneficios que les permitan vivir decorosamente y proteger a sus familias.

¿Qué ha pasado en México para haberse degradado moralmente a tal punto? Empresarios, medios y gobierno, principalmente el gobierno, en contubernio para enterrar la verdad, junto con los cuerpos de seres humanos, trabajadores miserablemente pagados, mal tratados por sus patrones puesto que no reciben a cambio de lo que dan en reciprocidad un salario justo y las prestaciones que un trabajo pesado pero además con riesgos mayores, requiere. Ni siquiera, vamos, el alivio de ver a sus seres queridos yacer sin vida, o tener sus restos mortuorios para hacer el duelo, y poder comenzar a sanar la profunda herida que su calvario y muerte les produjo; ni siquiera eso les fue dado. Una sepultura conforme a sus creencias y el respeto de ser tratados con dignidad. No valía la pena, para este gobierno, para estos patrones, para estos mercenarios de los medios que, complacientes con los verdaderos dueños del país, los oligarcas amafiados y sí, también, con las manos ensangrentadas, ni salvar esas vidas, ni rescatar esos cuerpos.

¿Por qué habría que creerles algo a estos empresarios, medios, "gobernantes" sin la menor autoridad moral? Si los niños, jóvenes y cientos de miles de vidas que se han perdido sea en la “guerra” unilateral declarada al crimen organizado por quien dice haber ganado la presidencia “haiga sido como haiga sido”, y luego lo niega en el colmo del cinismo, sí, el mismo que llamó a esas vidas segadas “daños colaterales”; sea en una guardería ilegal en donde el tráfico de influencias limita las investigaciones para esclarecer los hechos y establecer responsabilidades; si el momento de mayor alegría de ese mismo empleado de la oligarquía que se plantó la banda presidencial, según dijo en entrevista, fue cuando se tomaron las instalaciones de la compañía de luz y fuerza y así se dejó en la calle a 44 mil trabajadores violando la ley; si la promesa de bienestar y empleo se ha traducido en el mayor desastre económico y social de la historia de este país.

Podría seguir toda la mañana y la tarde y las 24 horas del día enumerando las violaciones a los derechos humanos, a la ley, así como los crímenes de lesa humanidad que se han venido perpetrando en contra del pueblo de México y no alcanzaría el tiempo. Lo cierto es que, hay un paralelismo en ese acuerdo soterrado entre mafiosos del poder: empresarios inmorales, medios mercenarios y gobernantes espurios, incluidos jueces y magistrados venales, de enterrar la verdad en pasta de conchos y enterrar la verdad de los votos en el 2006. Con el fraude más desvergonzado de la historia de nuestro país, porque se hizo a todas luces y con miles de cómplices, se culminó la guerra sucia que comenzó desde el 2005 con el desafuero de Andrés Manuel López Obrador para escarmiento de todos aquéllos que buscamos transformar el estado deplorable de las cosas en nuestro país con sus instituciones corroídas y aspiramos a una vida digna, libre del lastre de la corrupción en todos los niveles, para mandarnos un claro mensaje: háganle como quieran ¡no se puede! Y lo acaba de reiterar el mandatario de la oligarquía: somos una bola de radicales, de feligreses fanáticos, prescindibles en todo momento de su plan en la entrega de la soberanía del país; materia de interés únicamente como mano de obra barata y explotada, aun tratándose de trabajo intelectual y/o profesional.

La campaña del denuesto que continuó después del descarado fraude electoral, bien orquestada y llevada a cabo por la abyección de los medios, intelectuales de derecha, si tal cosa existe, incluidos, implicó mentira tras mentira hasta dejar enterrada la verdad de los hechos en julio del 2006: la reiterada negativa a contar los votos, este crimen terrible contra el pueblo, emula este crimen espantoso de enterrar junto con los cuerpos de los mineros de pasta de conchos la verdad escalofriante de vivir en un país en donde las instituciones se pudrieron, y hasta el último representante de ese gobierno espurio al servicio de la oligarquía vendió su conciencia al grupo oligarca verdugo del pueblo mexicano ante la mirada perdida de millones de inconscientes, ante la algarabía de los bufones complacientes de los medios que hacen proliferar los engaños.

Es motivo de una inmensa alegría este triunfo de la humanidad ante la mezquindad de las “razones” económicas, pero resulta una bofetada en pleno rostro de los mexicanos que supimos del crimen que se perpetró en pasta de conchos por criminales de quienes conocemos nombre y apellido de los cuales sobresalen: Larrea, Lozano y Calderón.

Pero... claro, qué gran crimen fue abrir (si es que) una calle para un hospital en la ciudad de México. Qué gran peligro entraña un hombre que se enfrenta al poder y que es seguido por millones que no se tragan la píldora nembutalizante del aparato montado para suprimir su conciencia.

Qué peligro enorme entraña un político que antepone la solidaridad entre la gente, el bienestar y la felicidad del pueblo, a la ganancia económica y que es seguido por un pueblo digno y consciente.


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